En el último año y medio he hecho algo que puede resultar sorprendente (o quizás no): vender todos mis auriculares y quedarme solamente unos Sennheiser HD550 de segunda mano y dos IEM bluetooth de menos de 200€.

¿Cómo es posible que habiendo tenido auriculares de alta gama haya tomado esa decisión? Pues bien, voy a resumir mi trayectoria para que sepáis por qué y cómo está repercutiendo esta decisión en mi disfrute musical.
Mis comienzos
Mis primeros auriculares serios fueron unos Sennheiser de apenas 75€.
Los usé muchísimo y cuando años después gané mi primer salario, decidí que era hora de cambiar. No es que necesitase cambiar (los auriculares funcionaban estupendamente y los disfrutaba mucho) sino más bien que se instaló en mi cabeza la posibilidad de que podía haber algo mejor ahí fuera y quería saber si podía pagarlo.
Los elegidos fueron los Grado PS500e, una de las marcas más publicitada y que mejores reseñas tenía. Quedé encantado con su sonido pese a sus evidentes problemas de confort.

En aquel momento ni se me pasaba por la cabeza comprar algo más caro y realmente se generó una actitud bastante sana con los auriculares donde lo importante era, simple y llanamente, escuchar música.
Pero con el tiempo, el ahorro y una mejora salarial también me indujo a pensar si no habría algo más caro y de mayor calidad.
Buscar era alimentar el deseo de compra pues para casi todo el mundo era evidente que había un upgrade directo: los Grado PS1000e. Tardé mucho en decidirme (un par de años) y al final cuando los tuve en casa no podía estar más contento por su sonido «intenso», «emocional» y «cristalino». Aquel podría haber sido el final del viaje pero a los pocos días tuve que aceptar que eran tremendamente incómodos (se me clavaba la diadema porque no tenía acolchado, y las almohadillas eran dolorosas al poco rato). Para colmo, pasado el efecto sorpresa inicial el sonido fatigaba muchísimo.
En aquel momento Tyll Hertsens estaba publicando sus mediciones y empecé a fijarme en otras marcas. Era obvio que los Grado no eran neutros porque incluso aunque me atrajera su sonido esos agudos coloreaban una barbaridad.
Afortunadamente pude devolverlos sin problema. La tienda tenía una buena política al respecto y, siendo sinceros, no veo cómo no podían haber aceptado la devolución cuando venían en una caja de cartón sin ningún tipo de precinto (bien podían haber sido usados y no había forma de comprobarlo).
Ahora la cuestión no era «esta marca me gusta y quiero probar uno de sus modelos» sino más bien «hay muchas marcas disponibles y quiero probar muchos modelos». Como no era millonario esto llevó a un proceso lento en el que algunos eran comprados y devueltos si no me convencían del todo; otros se quedaban en casa.
En aquella etapa de descubrimiento la excitación de la novedad envolvía todo. Adicionalmente cada vez usaba los auriculares más para analizar la música que para disfrutarla.
Empecé a tener modelos baratos y otros mucho más caros como los Focal Clear, Audeze LCD-X, HD800S, Stax L700…
Saturación y dudas
A medida que probaba más auriculares me di cuenta de una cosa. Esa situación que parecía interesante y excitante se iba volviendo cada vez más rutinaria y, por qué no decirlo, un tanto agobiante.
Empecé a pensar en que tenía que dar más consistencia a mis reseñas para ofrecer un mayor nivel y eso me hizo aprender un montón. A la vez causó que cada reseña me llevase muchísimo tiempo si la quería hacer con el esmero adecuado. Esto solo empeoró mi sensación de «escuchar los auriculares y no la música».
Por otro lado, la amplia posibilidad de elección cuando tenía un ratito libre dejó de ser interesante para volverse un problema. Al igual que cuando tenemos muchos vídeos interesantes para ver en Youtube, o las miles de series en Netflix, echaba demasiado tiempo eligiendo y luego me daba pena que hubiera auriculares dejados de lado en su caja.
Un patrón claro es que casi siempre usaba los mismos, principalmente porque eran cómodos y funcionales, y no porque su sonido fuera necesariamente «el mejor».

A veces me obligaba a usar aquellos auriculares que no me gustaban tanto, solo para descubrir a los pocos minutos que estaba pensando en por qué no habría elegido los otros ya que sonaban mejor o eran más cómodos. En otras ocasiones, con alguna grabación que sonaba «rara», probaba otros auriculares a ver si ese era el «problema», convirtiendo un rato de ocio en una sesión de análisis.
Aquí hay que describir un fenómeno curioso.
Tener en casa auriculares sin apenas uso y que tantas horas de trabajo me habían costado comprar, producía una sensación de ansiedad y culpabilidad. A fin de cuentas, si siempre tenía uno que usaba por encima del resto, ¿para qué perder mi tiempo y dinero con aquellos que me no me gustaban tanto?, ¿no sería mejor venderlos?
Era imposible no comparar con tiempos pasados cuando tenía unos auriculares de menos de 100€ y, no obstante, disfrutaba plenamente y con menos preocupaciones.
Con compras caras también había que tener en cuenta de que algo así podía romperse y arreglarlo costaba un dineral. Lo más obvio me pasó con los Focal Clear, auriculares preciosos de entrada pero que en apenas tres meses las almohadillas daban lástima con un color sucio que echaba para atrás. Cuando me enteré que el reemplazo original eran casi 200€ tuve clarísimo que ni de broma quería seguir con ellos.

Con el tiempo empecé a vender de segunda mano con mayor soltura, y con esto vinieron nuevos conocimientos.
La depreciación de los auriculares, sobre todo los caros, era tremenda. Aquellas primeras lecciones me enseñaron que comprar de primera mano no merece casi nunca la pena, incluso de oferta siempre se perdía dinero. No digamos a partir de la pandemia cuando la inflación hizo que mucha gente ya no estuviera tan dispuesta a soltar dinero por estos productos.
Empecé a notar cosas que no encajaban. Estaba literalmente usando la música para evaluar y comparar auriculares lo que llevó a que había días que aborrecía hasta mis canciones favoritas. También en las comparativas era consciente de que en muchos casos la diferencia no era tan grande como me hubiera gustado.
Al desglosar en apartados como «detalle» o «resolución» me daba cuenta que los auriculares de 150€ podían sonar en apariencia menos «detallados» pero que prestando atención se comportaban muy similares a otros muchísimo más caros. La relación con la respuesta en frecuencia empezó a ser cada vez más obvia para mí.
No obstante seguía pensando que lo más caro algo tendría que tener para ser tan…. pues eso, caro. La idea predominante entonces, y que persiste algo mitigada incluso hoy día, era que había siempre que comparar «dentro de la misma gama de precios». Si no hacías eso te tachaban de «injusto», como si hubiera algún tipo de ley no escrita en ese sentido.
Lo caro no tiene por qué ser mejor
Así hasta que un día comparé los Hifiman Arya Stealth con los Edition XS. Y cual fue mi sorpresa que sí, los Arya eran mejores pero a mis oídos solo por un pequeño margen. Ni de broma la diferencia de precio parecía justificable. Tenía que reconocer que había algo inquietante en esos modelos de 1500-2000€ que en una comparación directa y con nivelación de volumen de repente ya no eran tan claramente superiores.
La sensación de que lo bueno para mí estaba en un margen de precios mucho más asequible empezaba a ser evidente.
El colmo fue cuando descubrí que los afamados Warwick Bravura podían ser «mejores» que los HD650, pero que al final me sentía más cómodo y disfrutaba más con los segundos. No olvidaré la noche en la que hice esa prueba y la sensación de alegría que me dio saber que podía conseguir un disfrute similar con algo mucho más barato. Y también de la sensación de que había gastado un dineral de manera harto innecesaria.
Nunca fui de acumular muchos auriculares, menos mal, pero cada vez me resultaba más absurdo desperdiciar el dinero en cosas carísimas cuando podía disfrutar gastando muchísimo menos y sin tanta preocupación de que se estropeasen o depreciasen.
Además coincidía con ritmo de recambio de modelos cada vez más acelerado. La depreciación se producía no en un año sino en pocos meses (ojo con los DCA Stealth y Expanse y sus equivalentes más económicos) y como tuvieras la mala suerte de comprar algo y al poco saliera la nueva versión «mejorada» pues te quedabas colgado y tenías que malvender.
Algunas ideas que se asentaron entonces y mantengo a día de hoy:
-La relación precio-disfrute no guardan una relación directa. Generalmente hay más relación con el confort y sentirte cómodo con el gasto.
-Mientras más caro es un auricular más dinero le pierdes en la venta, sobre todo a partir de los 300-400€.
-Es imprescindible comparar siempre con gamas «baratas». Deberíamos dejar de usar los términos de gamas «bajas», «medias» o «altas».
-Hay dos formas de tener algo caro en casa: ya sea porque te has gastado mucho dinero o porque, simplemente, no lo uses. Si juntas las dos cosas es todavía peor.
Tomando medidas
Aunque sentía que comprar y probar más no iba a traer más satisfacción, seguía haciéndolo por rutina y para alimentar el blog.
Tras unos meses mi insatisfacción iba en aumento y el vaso se desbordó cuando adquirí mis primeros iem bluetooth hace dos años: los Samsung Galaxy Buds 2 pro. Se convirtieron de la noche a la mañana en mis auriculares más usados (y disfrutados) con muchísima diferencia. Los usaba para dormir la siesta, yendo al trabajo o al gimnasio… me permitían descubrir un montón de música en esos ratos. Y encima sabía que si se me rompían después de tantas horas de disfrute es que no me iba a pesar en absoluto.
Las ventajas eran obvias. Unos Stax X9000 requerían estar en casa, sacar un rato, que los vecinos no hicieran demasiado ruido… y con los Samsung solo tenía que ponérmelos y ya está. Y lo mejor de todo es que escuchando música con ellos me sumergía con mayor rapidez por la cancelación de ruido.
Así pues era hora de aceptar totalmente lo aprendido, vender todo para quedarme con lo que cubriera mis necesidades (que ya sé que no son tan costosas) y olvidar esa invasión mental que supone tener muchas opciones disponibles reclamando tu atención.
Cerrando
He salido de todos los auriculares que superasen los 200 €: Stax X9000, Sennheiser HD800S, DCA Stealth/Expanse/E3/Noire X… y muchos otros que vendí en el pasado.

Me siento aliviado porque he invertido el dinero recuperado. Mi vida ha ganado tranquilidad por partida triple: primero porque ya no me preocupa con qué escuchar música, segundo porque si se me estropea lo que ha quedado no es un problema, y tercero porque lo invertido ya está generando beneficios.
Miro mi estantería y veo solo un amplificador y los HD550. Regalé mis Samsung Galaxy Buds 2 Pro y a cambio compré los Airpods 3 Pro y los Technics AZ-100.
Gracias a esto me siento a escuchar música y al no tener ningún otro cacharro a la vista no tengo distracciones mentales. Esa sensación de «estoy escuchando con esto pero debería dedicarle tiempo a este otro auricular» ha desaparecido. He aprendido que los objetos que compramos tienen su forma de hacer acto de presencia y reclamar nuestra atención.
Mi plan es no comprar nada que no necesite. A veces se me antoja un capricho pero me da muchísima pereza empezar con esa ronda de comparación, análisis y demás.
En este momento por ejemplo estoy escuchando música con los AZ-100 y claro que suenan «peor» que muchos de los auriculares que he vendido, pero al mismo tiempo son cómodos, de timbre agradable y la música me emociona mucho más al haber soltado tanto lastre mental. La música ha vuelto a ser el centro de atención y no el cacharro que la reproduce.
A veces me pregunto si no he llegado a sufrir en cierto modo una «adicción» en lugar de una «afición». Afortunadamente siempre supe controlar mi gasto y no obstante ahora miro atrás y hubiera tomado otras decisiones muy diferentes.
Esta entrada lleva escrita muchísimos meses (desde octubre de 2025). Originalmente iba a contaros cuánto dinero he perdido desde que empecé con todo esto pero finalmente me he decidido a eliminar ese apartado.
Sé que podía haberos sido de utilidad, quizás hasta de aviso de cuánto puede costaros esto si no tenéis cierto control del gasto. Y aclaro que en mi caso esas compras siempre se hicieron desde una posición de ahorro en la que no suponían un menoscabo en mi día a día, pero sé de personas que llegan a límites muy peligrosos buscando ese «sonido perfecto».
Lo que no os describo de forma cuantitativa lo haré de forma cualitativa. Aun asumiendo que la mitad de ese dinero perdido haya ido a un fin noble (disfrute, conocimiento, escribir el blog…), la otra mitad sigo pensando que podía habérmela ahorrado y disfrutar de otras cosas.
Empezar este blog fue una de las cosas más valiosas que he hecho nunca y gracias a él he conocido a gente estupenda. Desde el punto de vista del audio lo más importante es que para disfrutar de la música solo necesito algo sencillo y barato (y cuantas menos opciones disponibles casi que mejor).
¿Y mi blog? A día de hoy estoy tan ocupado con otras cosas que reseñar nuevos auriculares me da muchísima pereza. Quizás hasta le de el cierre porque mantener la web no deja de ser uno de esos gastos que cada vez tiene menos sentido, como no le veo sentido actual a probar auriculares nuevos.